
Hegemonía
Los Estados Unidos solo están organizando el Mundial para demostrar que los Estados Unidos están en la última etapa de su decadente como país y como imperio. Y para dejar bien en claro que como país y como imperio ya son inviables.
Prácticamente todos los días aquí decimos que de la actual debacle no se sale con elecciones, sino con una revolución nacional. Al hablar de esa revolución pensamos puntualmente en el gran antecedente histórico que nos inspira: el golpe de Estado del 4 de junio de 1943 que terminó hace exactos 83 años con la década infame.
Este 4 de junio conmemoramos a los patriotas Farrell, Ramírez, Rawson y Perón, quienes con el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) liberaron el país de su trance más oscuro hasta ese momento devolviéndonos la soberanía de la que el gorilaje cipayo se había apropiado indebidamente.
La hora más oscura de la Argentina es hoy, el actual régimen liberal en la forma de péndulo por derecha y por izquierda está instalado hace ya varios años con graves consecuencias para el pueblo-nación. Por eso necesitamos otra gesta patriótica como la del GOU de 1943.
Feliz día a todos los patriotas, a los que ya saben que la liberación nacional se obtiene en el campo de batalla y no en el contubernio de dirigentes que claudicaron y sirven a los intereses del de afuera. La liberación nacional se logra con los hermanos bien unidos, como decía nuestro José Hernández.
Viva Farrell, Ramírez, Rawson y Perón.
En Colombia están con el mismo problema que aquí, aunque no es el que sugiere esta imagen. Lo que pasa en Colombia y también aquí es la incomprensión de la política. Los dirigentes no entienden al pueblo, piensan que el pueblo quiere ideología.
El pueblo no quiere ideología, quiere soluciones. Y como el Estado no está en condiciones de dar soluciones, la izquierda progresista cuando gana las elecciones lo único que logra es quedar pegada con un fracaso. Pasó aquí con Alberto Fernández y allí con Gustavo Petro.
Cuando la izquierda progresista gana las elecciones y se encuentra con que no va a poder dar soluciones a las innumerables problemáticas existentes porque el poder real está en las corporaciones y no en el Estado, la izquierda progresista empieza a vender humo ideológico para disimular su impotencia.
Y ahí la termina de arruinar toda. Cuando el pueblo se percata de que el régimen progresista trata de tapar el bache con ideología se enoja aún más y en el péndulo del sistema vota a la derecha conservadora.
La izquierda progresista se pone como loca y a las mayorías que antes solía valorar las empieza a llamar “pobres de derecha”, a burlarse del pueblo porque no sabe votar, etc. Entonces el pueblo, viendo el despecho y el sarcasmo de la izquierda progresista, tolera cualquier maldad de la derecha conservadora solo para no darle la razón a la izquierda progresista.
Y así hasta el infinito como en un bucle eterno. ¿La conclusión? Pues que la izquierda progresista y la derecha conservadora son más bien socias que enemigas. Son socias en el curro de alternarse para conservar el statu quo y que la política jamás vuelva a ser la instancia de decisión y modificación de la realidad social.
Mírelo Ud. en el largo plazo y lo verá, verá que el establishment político en todas partes hace este bucle de pantomimas para que las élites globales sigan reinando desde el lugar de poder fáctico en las sombras. Lamentablemente esto es así y de esto no se sale sin una revolución nacional que barra del mapa a la derecha conservadora y también a la izquierda progresista.
Todo es tan distópico a esta altura que incluso esta noticia que en otras circunstancias parecería ser un bolazo cae con naturalidad. Esto es exactamente lo que tiene que pasar de acuerdo a la tendencia.
Acá no hay, no obstante, una voluntad de fraude, puesto que el fraude electoral no es necesario cuando las listas están todas armadas por una misma mano. Lo que hay acá es un mensaje inequívoco de dominación.
La única lectura posible de esto es que los titiriteros del régimen, los que están en Tel Aviv, como se sabe, le comunican oficialmente al pueblo argentino el establecimiento de un régimen colonial: “Controlamos hasta las elecciones”, dicen. “De modo que no hay salida”.
Las elecciones ya eran inútiles con todos los candidatos respondiendo a una misma terminal de poder. Pero ahora además de políticamente inútiles van a funcionar como el símbolo del coloniaje. Los israelíes ahora van a decirnos directamente cuál de sus títeres es el designado para administrar la colonia en cada momento.
El mensaje es potente, es una suerte de “ni se les ocurra retobarse porque es al cuete nomás, no hay una sola institución en este territorio colonial que no esté bajo nuestro control”.
Sin revolución, lo decimos siempre, de esto no se sale. Estamos como en 1943 e incluso peor, porque hoy la manija no la tiene nuestra oligarquía criolla. Ahora la manija la tiene un poder fáctico global que nos es absolutamente ajeno y cuyo único objetivo es suprimirnos.
Lo que quedó de la militancia alguna vez identificada con causa del pueblo-nación es ahora una minoría sobreideologizada, más interesada en opinar en las redes sociales y sin conducción. Este es un problema que viene arrastrándose hace ya varios años y que ahora está en la base del proceso de recolonización del país.
En una palabra, la militancia residual sin conducción e interesada sólo en generar polémica para viralizar en Twitter es cómplice del régimen cipayo de Milei. Lo es por izquierda, claro, pero lo es porque su praxis está orientada a sostener el régimen.
¿Cómo lo sostiene? Pues callando y prescindiendo de la discusión sobre los temas que son de urgencia para todo el conjunto del pueblo-nación y, por otra parte, haciendo escándalo por asuntos judiciales, exigiendo la imposición de semántica y otras cosas que no hacen al proyecto político.
Esa una forma de marcar la agenda sobre los temas que al régimen le convienen. Al mileísmo cipayo le sirve que se arme mucho quilombo alrededor de un crimen y que se discuta intensamente durante días y semanas si dicho crimen debe ser calificado o no como “femicidio”, etc.
Mientras se discute eso todo lo otro sigue pasando inadvertido. Lo que no se dice no se ve y entonces no existe. Al mileísmo cipayo le conviene mucha polémica sobre asuntos que nada tienen que ver con el proyecto político y esos son justamente los temas que más le gusta discutir a la militancia residual sin conducción.
En conclusión, la dirigencia claudicó y también lo hicieron los militantes. Viendo que esto no tiene arreglo y que la Argentina va a ser colonia, los que no optan por arrodillarse abiertamente a los pies del poder fáctico simulan rebeldía en asuntos criminales o de moral sexual, temas que no mueven la aguja y son ideales para sostener un statu quo en lo político.
El pueblo-nación, naturalmente enajenado de la política, no tiene representantes y tampoco tiene militantes. El pueblo está solo y espera, como diría nuestro Scalabrini Ortiz. Aunque desde luego ni siquiera sabe qué esperar.
Aparecieron en Ciudad del Este, en Paraguay, unos carteles en los que se ve a Jair Bolsonaro sometiendo a un paraguayo. Cómo era de esperarse, los ánimos están caldeados y ese es un problema regional por la enorme integración que existe entre Brasil y Paraguay en la zona de frontera sobre el río Paraná.
Los paraguayos no pierden —y con sentido de justicia— la memoria histórica de la mal llamada Guerra de la Triple Alianza. Mal llamada porque fue un fratricidio y no una guerra, pero además porque fue una cosa de los ingleses que usaron a los cipayos de Brasil, Uruguay y Argentina para suprimir en Paraguay el proyecto político soberanista del mariscal Solano López, el que a su vez asomaba como una seria amenaza al imperialismo de la corona británica.
Brasil fue el protagonista entre los cipayos, fue el que capturó y ejecutó a Solano López en Cerro Corá. Los paraguayos esto lo saben y el clima es siempre algo tenso. Sobre esta tensión caen como una bomba los carteles dispuestos con fines claros de provocación.
Ahora bien, existe una gran interdependencia económica entre Brasil y Paraguay, tanto por el intenso comercio en la zona fronteriza como por Itaipú y las demás inversiones de los brasileros en tierra guaraní. De modo que esto viene a modo de sabotaje, viene a generar una crisis de la nada. Una crisis que puede impactar negativamente en toda la región, también en la Argentina.
Los piratas ingleses metieron la cola y hubo una guerra en la que nos matamos entre hermanos. Aquí no es distinto, no puede serlo. Aquí hay alguien manipulando a los autores de esta obra nefasta para que otra vez haya enemistad entre americanos.
Lo decía nuestro Scalabrini Ortiz, precisamente sobre la Triple Alianza: cuando se pelean los hermanos es porque hay un tercero azuzando para sacar provecho en río revuelto. No hay que caer en provocaciones. Hay que aprender de la historia, de ese recuento de duelos y catástrofes que es nuestra breve historia en América.
Pese a que los yanquis lo hicieron de Cayetano y por eso no lo anuncian ni dan confirmación oficial, hay evidencia de que el personal diplomático estadounidense ha evacuado su embajada en Kiev.
Este puede y debe ser el signo o la corroboración de que otra etapa de la instalación del nuevo ordenamiento jurídico multipolar está concluyendo. Al abandonar Kiev los yanquis —más temprano que tarde, puesto que esto no se puede ocultar por mucho tiempo— terminan reconociendo el hecho geográfico y material, fáctico en todo sentido, del continuum territorial.
Hemos hablado abundantemente de este asunto aquí llegando siempre a la misma conclusión: la presencia yanqui en Europa es un hecho contranatural que solo fue posible porque Washington llegó cuatro años más temprano que Moscú a tener la bomba atómica.
Pero claro, por continuum territorial Europa es la zona de influencia propia de Rusia, no de unos Estados Unidos que están del otro lado del Atlántico. El atlantismo y todo lo que deriva de esta ideología, como la OTAN, por ejemplo, es por lo tanto humo.
Esto es lo que se viene presentando primero como proyecto desde que Putin reemplazó a Yeltsin en 1999, luego como advertencia rusa en los primeros 20 años de este siglo y finalmente como una realidad desde febrero 2022.
Esto es, en fin, lo que hay. Esto es el siglo XXI.
La imagen es puramente ilustrativa y tiene por objetivo provocar la lectura. León XIV no se opone a la tecnología ni mucho menos es un ludita. León XIV no hace más ni menos que emular a su predecesor, León XIII, en la reivindicación de lo humano frente al avance de la técnica que siempre trae aparejado el peligro de la deshumanización.
Nos hemos tomado el trabajo de leer y analizar la encíclica Magnifica Humanitas y profundizaremos en la próxima edición de Hegemonía para que nuestros lectores sepan bien de qué se trata. Por el momento alcanza con decir aquí lo siguiente: al igual que en los albores de la revolución industrial, la Iglesia católica propone hoy una alternativa de convivencia.
En ese momento León XIII planteó la doctrina social del catolicismo —de la que el peronismo es el heredero en la política— para armonizar el avance tecnológico con la existencia del hombre en comunidad. Hoy, como continuidad de aquello y en vista de esta nueva revolución de la técnica que es la inteligencia artificial, surge esta encíclica como una ampliación de la doctrina social de la Iglesia católica.
Esto es básicamente lo que debemos comprender los peronistas hoy. Si en el siglo pasado tomamos de León XIII para construir nuestra doctrina política, en este siglo debemos tomar de León XIV para actualizarnos de cara al mundo del presente. Los peronistas y los católicos no nos oponemos a la tecnología ni al capitalismo: luchamos políticamente para que el proceso ocurra con la gente adentro.
La cuestión es hacer comunidad y no caer en el delirio de reemplazar al hombre por la máquina. No existe tal reemplazo, el cosmos no puede ser sin la humanidad primero porque eso no es lo que Dios quiere y segundo porque no tendría ningún sentido. La máquina está para servir al hombre, no para suprimirlo.
Vendremos pronto con el análisis de Magnifica Humanitas, la encíclica más importante desde Rerum Novarum porque la continúa, la actualiza tratando de estas cosas nuevas que va dando la tecnología humana en este largo camino de evolución.
Pantallas, semiconductores y robots sí, pero nosotros primero y todo eso a nuestro servicio. La comunidad que es la Ciudad de Dios no se toca.
En la imagen tenemos al general Presti luciendo una cantidad de medallas que parecería sugerir una trayectoria militar propia de un héroe veterano de varias guerras. Pero el general Presti no tuvo la ocasión de ser de la partida en guerra alguna pues no las hubo desde que Presti arrancó su carrera militar.
Eso es lo que actualmente se suele llamar cosplay y es una de las razones por las que está difícil hoy conseguir un GOU que venga a liberarnos de la tiranía impuesta por el sistema electoral de representación mal llamado democrático: nuestros militares son cosplayers de soldados.
Este es el resultado del proyecto político liberal en este contexto neocolonial desde 1976 a esta parte. Para que Argentina sea colonia es fundamental que no haya fuerzas armadas o, de haberlas, que sean eso mismo, un cosplay.
Primero usaron a los militares del golpe de 1976 para masacrar al pueblo y así desprestigiar a las fuerzas armadas. Luego, montados sobre ese desprestigio, justificaron la desfinanciación y en paralelo metieron ideología liberal y cipaya en la formación de oficiales.
Aquí está el resultado. Un país que a mediados del siglo pasado supo tener militares nacionalistas capaces de hacer una revolución contra la infamia cipaya ahora tiene generales como Presti, cuyas cabecitas están envenenadas de liberalismo y las rodillas están raspadas de tanta genuflexión ante cualquier yanqui, aunque en el pecho luzcan cualquier cantidad de medallas.
No queda otra que ser pesimistas respecto a la revolución nacional necesaria. En el actual estado de cosas, con generales cipayos que no tienen ni siquiera la decencia de la modestia, un nuevo GOU aparece como una utopía. De estos milicos cosplayers nada puede esperarse.
Esto viene siendo así hace rato y es el resultado necesario de la grieta en un sentido ideológico, aunque no programático. Al tener todas las fuerzas políticas en pugna un mismo proyecto —en este caso el proyecto neocolonial— lo único que pueden hacer para sostener temporalmente el poder en el Estado es extorsionar al incauto elector con el peligro del retorno de los que habían estado antes.
Por lo menos desde Macri hasta esta parte los sucesivos regímenes de gobierno nunca han tenido nada que ofrecerle al pueblo, ni siquiera un horizonte. Nada. Y entonces debieron extorsionar permanentemente con la vuelta del enemigo declarado para sostenerse.
El macrismo estuvo destrozando el país durante cuatro años con la sola amenaza de que volvían los kukas si la gente no toleraba el maltrato de Macri. Luego el albertismo hizo lo propio, arrasó con todo mientras gritaba que era eso o el retorno de Macri, por lo que había que tener paciencia.
Ahora el régimen mileísta se vale del mismo estratagema. ¿Dónde está el problema? Alguien dirá que está en que el elector es más boludo que las palomas y tropieza una y otra vez con la misma piedra, pero no es tan así. El elector ciertamente es boludo, siempre lo fue. Pero aquí el problema viene más de arriba.
El problema es que todas las fuerzas políticas consensuaron alrededor de un mismo proyecto político y por eso la política argentina no existe, es una simulación. Parece que se pelean y en efecto están en guerra por el poder en el Estado, pero no lo están con la finalidad de modificar la realidad social.
La política solo es verdadera cuando hay dos o más fuerzas en pugna con distintos proyectos políticos, cuando hay una lucha por el poder en el Estado con el fin de modificar la realidad social. Aquí esto no pasa, la lucha está y nadie quiere cambiar nada. Todos quieren continuar con la aplicación del proyecto impuesto desde arriba y desde afuera por un poder fáctico superior al que tienen los dirigentes.
Después de Milei vendrá otro régimen a maltratar al pueblo-nación y a seguir con el remate del país, que es la finalidad última del proyecto político neocolonial consensuado por nuestros dirigentes. Y el que venga va a hacer todo eso extorsionando con que conviene aguantar calladitos para que no vuelva Milei.
Es la propia década infame de 1930 a 1943, como se ve. Y como se sabe, de una década infame no se sale votando dentro de un sistema electoral de representación amañado. Se sale con revolución.